La participación política online en España: desigualdades estructurales y detonantes individuales
Online political participation in Spain: structural inequalities and individual triggers
Autores
Mayor Balsas, José Manuel
https://orcid.org/0000-0001-5433-3415
Universidad de Murcia, España
González Salcedo, Antonia
https://orcid.org/0000-0003-4868-6905
Universidad de Murcia, España
Ortiz García, Pilar
https://orcid.org/0000-0001-7679-0772
Universidad de Murcia, España
Datos del artículo
Año | Year: 2026
Volumen | Volume: 14
Número | Issue: 2
DOI: https://doi.org/10.17502/mrcs.v14i2.943
Recibido | Received: 23-3-2026
Aceptado | Accepted: 18-7-2026
Primera página | First page: 1
Última página | Last page: 16
Resumen
El presente artículo tiene como objetivo analizar los factores asociados a la predisposición a la participación política online en España. Partiendo del Estudio 3490 sobre “Participación política” del CIS y mediante un modelo de ecuaciones estructurales, se examinan los efectos directos e indirectos de una serie de variables políticas y sociodemográficas. Los resultados muestran que dicha predisposición está especialmente condicionada por la edad, el interés por la política y el nivel educativo. Los jóvenes, las personas con mayor implicación política subjetiva y quienes poseen mayor formación presentan una orientación más favorable hacia la participación online. La autoubicación ideológica también mantiene una relación significativa, de modo que las posiciones más próximas a la izquierda se asocian con una mayor predisposición participativa, aunque su magnitud es menor. En cambio, los ingresos personales y el género muestran efectos limitados. De este modo, lejos de eliminar las barreras, el entorno digital tiende a reproducir —e incluso amplificar— las desigualdades estructurales que históricamente han limitado el ejercicio pleno de la ciudadanía.
Palabras clave: ciudadanía digital, competencias digitales, comportamiento político, ecuaciones estructurales, participación política,
Abstract
This article aims to analyze the factors associated with the predisposition toward online political participation in Spain. Drawing on CIS Study 3490 on “Political Participation” and using a structural equation model, it examines the direct and indirect effects of a set of political and sociodemographic variables. The results show that this predisposition is especially shaped by age, interest in politics, and educational level. Young people, individuals with greater subjective political involvement, and those with higher levels of education display a more favorable orientation toward online participation. Ideological self-placement also maintains a significant relationship, with positions closer to the left being associated with a greater participatory predisposition, although its magnitude is smaller. By contrast, personal income and gender show limited effects. Thus, far from eliminating barriers, the digital environment tends to reproduce —and even amplify— the structural inequalities that have historically limited the full exercise of citizenship.
Key words: digital citizenship, digital skills, political behavior, structural equations, political participation,
Cómo citar este artículo
Mayor Balsas, J. M., González Salcedo, A. y Ortiz García, P. (2026): La participación política online en España: desigualdades estructurales y detonantes individuales, methaodos.revista de ciencias sociales, 14(2), m261402a01. https://doi.org/10.17502/mrcs.v14i2.943
Contenido del artículo
1. Introducción
En Europa y gran parte del mundo, las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) han transformado múltiples aspectos de la vida cotidiana, generando nuevas oportunidades sociales, políticas y económicas. Sin embargo, esta integración también ha evidenciado el riesgo de exclusión para quienes tienen acceso limitado o carecen de habilidades digitales, afectando su participación plena en la sociedad. En España, aunque más del 75% de la población utiliza internet a diario, la percepción sobre sus competencias digitales sigue siendo baja: un 31,1% se considera con competencias básicas y un 35,2% con competencias intermedias. En cuanto a la autoconfianza digital, el 43% presenta niveles altos o muy altos, mientras que el 54% manifiesta niveles bajos o muy bajos (Fundació Ferrer i Guàrdia, 2023)Ref17.
Lejos de enfoques deterministas que suponen que el acceso elimina desigualdades, diversos autores destacan que la clave está en cómo y para qué se utilizan las TIC (Norris, 2001)Ref29. Así, Sampedro et al. (2013)Ref37 señalan cómo la participación política online no depende únicamente del acceso a internet o de las competencias digitales individuales, sino también de si los canales ofrecidos permiten una intervención ciudadana autónoma, deliberativa y efectiva; mientras que Pizzi et al. (2023)Ref31 resaltan el hecho de que las explicaciones basadas únicamente en el acceso, los ingresos o el nivel educativo resultan insuficientes para comprender las desigualdades digitales actuales. Esta perspectiva da lugar al concepto de desigualdad digital, el cual se centra en las diferencias entre quienes acceden a internet, pero no lo usan eficaz o estratégicamente (Van Deursen y Van Dijk, 2010)Ref41, lo que no solo afecta a la ciudadanía, sino también a la configuración de la oferta pública, dado que los líderes digitales se sitúan en el lado de los sectores aventajados de la brecha digital (Villaplana y Fitzpatrick, 2024)Ref45. La carencia de habilidades digitales o recursos materiales impide a muchas personas integrarse plenamente en entornos digitales, limitando su inclusión política, económica y social (Robles et al., 2015)Ref35.
Además, los beneficios del uso de internet suelen concentrarse en quienes ya cuentan con ventajas estructurales, como una buena educación o estabilidad económica, lo que respalda la teoría de la estratificación frente a la tesis de la normalización. Diversas investigaciones muestran que, a diferencia de la brecha digital inicial centrada en el acceso, la actual desigualdad digital tiende a mantenerse o ampliarse, ya que los usos más beneficiosos de internet siguen siendo exclusivos de quienes tienen más recursos (Hargittai y Walejko, 2008)Ref24. Un ámbito clave es el papel de internet en la participación política, social y económica, lo que permite entender esta desigualdad como un obstáculo al ejercicio pleno de la ciudadanía. Aunque algunos autores critican el impacto negativo de internet en la participación social, destacan su independencia geográfica como ventaja para superar las limitaciones del capital social local (Bailo, 2025)Ref4.
Internet ha propiciado nuevas formas de participación política como el voto electrónico, la consulta en plataformas oficiales y la movilización ciudadana mediante redes sociales. De este modo, tal y como señalan Oser et al. (2022)Ref30, se puede distinguir entre participación política online, que comprende las actividades que se realizan a través de medios digitales —como, por ejemplo, firmar peticiones digitales, contactar con políticos a través de redes sociales y expresar opiniones en línea (Theocharis y De Moor, 2021)Ref39—; y la participación política presencial, que son aquellas actividades más tradicionales y que requieren de presencia física.
En este sentido, internet se presenta como una herramienta que permite superar barreras espaciales y temporales, facilita la inclusión de sectores tradicionalmente excluidos, como los jóvenes, y fomenta las propuestas ciudadanas (Delli Carpini, 2000)Ref16. En definitiva, y según Boulianne (2009)Ref7, internet puede revitalizar la vida cívica al facilitar el acceso a información política, la discusión, la creación de redes y la participación, permitiendo así el desarrollo de una democracia digital. Esta incorpora recursos tecnológicos que promueven el acceso a la información pública, la consulta ciudadana, el diálogo constante con las autoridades y una mayor responsabilidad pública, siendo una valiosa complementación al modelo representativo tradicional (Van Dijk y Hacker, 2018)Ref43.
Sin embargo, en la literatura en general, y en España en particular, son escasos los trabajos que abordan con carácter empírico los factores o los determinantes que afectan directa e indirectamente a la predisposición de la participación política online (Boulianne, 2009Ref7; Boulianne y Theocharis, 2020Ref9; Guess y Munger, 2023Ref20; Oser et al., 2022Ref30; Robles y De Marco, 2011Ref33; Robles et al., 2012Ref34; 2015Ref35), y menos aún aquellos que profundizan en su causalidad —tal y como señalan Anduiza et al. (2010)Ref3—, y lo hacen a través de muestras representativas. Por ello, el propósito central de este trabajo es identificar los efectos de los factores y determinantes de la predisposición a la participación política online y observar si persisten formas de exclusión digital que afectan a determinados grupos sociales, limitando así su capacidad de ejercer plenamente la ciudadanía en el entorno digital.
El trabajo ha sido estructurado como se detalla a continuación. En primer lugar, se realiza una breve revisión de la literatura sobre los factores que se relacionan con la participación online. Posteriormente se detallan los objetivos, las hipótesis, la muestra utilizada, las variables, el modelo propuesto y los resultados obtenidos. Por último, se exponen las conclusiones que, a modo de resumen, realizan un balance de los aspectos más relevantes de la investigación desarrollada.
2. Breve revisión de la literatura
A lo largo de la literatura, son diversos los factores que se han relacionado con una mayor participación política online y que podrían dar lugar a una exclusión digital que impactase en ciertos sectores de la sociedad, restringiendo su participación plena como ciudadanos en el ámbito digital. En este sentido destacan, entre otros, el interés por los asuntos públicos, la ideología política, la participación política presencial —esto es, la participación política electoral y la pertenencia a asociaciones políticas—, y una serie de determinantes sociodemográficos, como el nivel de estudios, la edad, el género o el nivel de renta (Almond y Verba, 1970Ref2; Contreras y Montecinos, 2019Ref13; Delli Carpini, 2000Ref16; Robles y De Marco, 2011Ref33; Verba et al., 1995Ref44).
La perspectiva clásica sobre la participación política ha abordado tanto la relación entre variables sociodemográficas y socioeconómicas como los procesos mediante los cuales las actitudes y las creencias políticas influyen en la participación. Desde un enfoque psico-sociológico se afirma que las personas desarrollan valores que afectan a su comportamiento político. Quienes se perciben capaces de incidir y sienten que el sistema responde a sus demandas tienden a involucrarse más, a diferencia de quienes adoptan una visión cínica (Almond y Verba, 1970)Ref2. Estas actitudes, vinculadas a los recursos individuales, resultan claves para anticipar el nivel de participación ciudadana (Bonet et al., 2006)Ref6.
El grado de participación está relacionado con actitudes de compromiso, como el interés por los asuntos públicos y la percepción de eficacia política interna, es decir, la creencia en la propia capacidad para influir. Ambas dimensiones refuerzan la disposición a participar (Verba et al., 1995)Ref44. Esta autopercepción está estrechamente vinculada tanto a la participación presencial como a la digital (Oser et al., 2022)Ref30. Así, el interés por la política y el sentimiento de pertenencia al sistema fomentan la implicación política, siendo uno de los factores con mayor impacto.
En cuanto a la ideología política, Del Pino y Colino (2003)Ref15 señalan que, aunque no hay grandes diferencias cuantitativas según el partido gobernante, sí las hay cualitativas: los partidos progresistas tienden a apostar por procesos deliberativos e innovadores, mientras que los conservadores favorecen modelos más convencionales. La izquierda suele dar un rol más activo a la ciudadanía, mientras que las opciones moderadas optan por esquemas consultivos.
Aunque son escasos los estudios recientes sobre ideología y participación digital, Robles y De Marco (2011)Ref33 evidencian que los internautas españoles se ubican mayoritariamente a la izquierda del espectro ideológico. Aquellos con ideología progresista suelen tener mayor nivel educativo y estar en etapas activas de la vida. Esto sugiere que la sobrerrepresentación de este perfil en la red se vincula con factores como la educación, edad y empleo, los cuales también influyen en el acceso a las tecnologías.
Uno de los enfoques más difundidos para explicar la relación entre participación presencial y online es la hipótesis del “spillover”, que sostiene que quienes participan en la política tradicional tienden a extender ese compromiso al entorno digital, sin que una modalidad sustituya a la otra (Delli Carpini, 2000)Ref16. También se argumenta que la participación online puede impulsar la presencial (Boulianne y Theocharis, 2020)Ref9. La hipótesis de la reciprocidad plantea que existe una influencia bidireccional entre ambas formas de participación, sugiriendo que no compiten, sino que se refuerzan mutuamente (Gibson y Cantijoch, 2013)Ref18.
Oser et al. (2022)Ref30 destacan que la frontera entre lo online y lo presencial es cada vez más difusa. En este sentido, Best y Krueger (2005)Ref5 confirman que, aunque las variables explicativas no son idénticas, factores como la educación o la formación política predisponen a participar en ambos entornos. Así, la experiencia política previa, la confianza y el compromiso ideológico facilitan el paso al activismo digital, e internet actúa como un medio amplificador de dinámicas políticas preexistentes.
El contexto también condiciona el éxito de las experiencias participativas. Factores sociodemográficos como la educación, edad, género o renta inciden en el acceso a mecanismos de participación. Desde teorías como la de la agencia o el neoinstitucionalismo, se ha analizado cómo estas variables afectan tanto la capacidad de las administraciones para adoptar soluciones digitales como la disposición ciudadana a interactuar con ellas (Rodríguez et al., 2020)Ref36.
El nivel educativo destaca como factor clave en la participación digital, especialmente en el uso político y administrativo de internet. Aunque algunos estudios no encuentran una relación directa entre educación y participación, la mayoría coinciden en que la formación fortalece conocimientos cívicos, habilidades comunicativas y organizativas necesarias para la acción colectiva. Putnam (2000)Ref32 subraya que la educación impacta el capital social, tanto formal como informal, y potencia habilidades cívicas y recursos que facilitan la participación.
Otros estudios resaltan que la educación genera confianza interpersonal y eficacia política, lo cual favorece la movilización ciudadana (Verba et al., 1995)Ref44. También se ha identificado que modula la percepción sobre la capacidad de respuesta institucional. Cicatiello et al. (2018)Ref12 señalan que, mientras los más educados valoran positivamente la transparencia gubernamental, este efecto es nulo entre quienes tienen menor educación.
Las capacidades también se evidencian en el uso de plataformas tecnológicas promovidas por los gobiernos locales. Según la teoría de la capacidad, los ciudadanos con niveles educativos similares muestran mayor interés por participar en decisiones públicas. Ciudadanos más educados adoptan activamente tecnologías en la gestión de asuntos públicos, lo que fortalece la democracia participativa.
Por otro lado, dado que la edad y la alfabetización digital están causalmente relacionadas (Guess y Munger, 2023)Ref20, el factor generacional influye en los niveles de participación, especialmente en los entornos digitales. Existen claras diferencias en el uso de TIC entre mayores de 50 años, debido a falta de interés, percepción de inutilidad, baja presión social y escasa autoconfianza digital (Van Deursen y Van Dijk, 2010)Ref41, persistiendo en dicho grupo una preferencia por los medios tradicionales y cierta desconfianza hacia lo digital.
Aunque dentro del grupo de mayores, los más jóvenes presentan mayor afinidad digital, la edad no es el único factor; también inciden las condiciones socioeconómicas. Las limitaciones físicas o cognitivas dificultan el uso de la tecnología, afectando la ansiedad tecnológica negativamente a la disposición hacia entornos digitales (Guo et al., 2013)Ref21. En contraste, la audacia o actitud abierta hacia la innovación puede favorecer la adopción, aunque esta actitud es más común en mayores de menor edad.
Mientras los mayores optan por canales tradicionales, los jóvenes canalizan su participación mediante tecnologías digitales. Estas ofrecen un espacio público para expresar demandas sociales, crear nuevos lenguajes y comunicarse. Independientemente del nivel socioeconómico, los jóvenes adoptan causas globales como el cambio climático, el feminismo o la protección animal.
En cuanto al género, si bien no es el factor más determinante, su influencia es diversa. Existen diferencias de uso de TIC entre hombres y mujeres, pero muchas mujeres tienden a subestimar sus competencias digitales, lo que limita su confianza para interactuar tecnológicamente (Hargittai y Shaw, 2015Ref23; Van Deursen y Van Dijk, 2015Ref42), si bien otras investigaciones señalan que el género no es determinante en la participación política, ya que su efecto se diluye frente a otros factores.
Respecto al nivel de renta, la literatura muestra que las desigualdades económicas son una barrera estructural al compromiso cívico. Contreras y Montecinos (2019)Ref13 indican que, en contextos de gran desigualdad, la participación puede estar restringida, limitando el acceso al capital político. Esto también se observa en la ciencia ciudadana, donde los participantes suelen ser personas blancas, educadas y con mayores ingresos, lo cual excluye a sectores vulnerables.
Desde una perspectiva electoral, se ha observado un fenómeno de “segregación electoral”: la abstención aumenta en barrios empobrecidos, mientras que en zonas acomodadas se mantiene la participación. Esta desigualdad perpetúa las brechas sociales, impidiendo que las demandas de los más vulnerables ingresen al sistema democrático. No obstante, Kim et al. (2023)Ref25 evidencian que, en EE.UU., cuando existe percepción de movilidad social, la desigualdad puede incluso fomentar la participación electoral. Es decir, la movilidad social actúa como una condición moduladora que puede contrarrestar los efectos desmovilizadores de la desigualdad económica.
3. Modelo teórico e hipótesis
El objetivo del presente trabajo es demostrar cómo una serie de factores tradicionalmente estudiados en la literatura sobre participación política, en concreto, la ideología política de los individuos, la participación electoral, la pertenencia a una asociación política y el interés por la política, influyen de forma directa en una mayor predisposición a la participación política online en España. Puesto que la finalidad es comprobar relaciones de posible causalidad se plantea un modelo de ecuaciones estructurales. De este modo, se consideran las siguientes hipótesis principales, teniendo presente en todo momento que cuando se habla de causalidad se hace alusión a una causalidad potencial, y no en sentido estricto:
-Una ideología de izquierdas da lugar a una mayor predisposición a la participación política online (Hi),
-Una mayor participación electoral da lugar a una mayor predisposición a la participación política online (Hii),
-Pertenecer a una asociación política da lugar a una mayor predisposición a la participación política online (Hiii),
-Un mayor interés por la política da lugar a una mayor predisposición a la participación política online (Hiv).
No obstante, y además de considerar relevante controlar variables sociodemográficas como el nivel de estudios, el nivel de ingresos, el sexo y la edad, ha de tenerse presente que dichas variables podrían tener relación, tal y como señala la literatura, entre sí. Mientras que el nivel de estudios podría afectar al interés por la política, éste último podría tener efecto sobre pertenecer o no a una asociación política o sobre el hecho de participar políticamente, pudiendo influir sobre este último la edad. Por ello, y con el objetivo de considerar las variables de control y medir los posibles efectos indirectos sobre la participación online se presentan las siguientes hipótesis:
-Un mayor nivel de estudios da lugar a una mayor predisposición a la participación política online (Hv),
-Un mayor nivel de ingresos personales da lugar a una mayor predisposición a la participación política online (Hvi),
-Ser mujer da lugar a una menor predisposición a la participación política online (Hvii),
-Una mayor edad da lugar a una menor predisposición a la participación política online (Hviii),
-Un mayor nivel de estudios da lugar a un mayor interés por la política (Hix),
-Un mayor interés por la política da lugar a pertenecer a una asociación política (Hx),
-Un mayor interés por la política da lugar a una mayor participación electoral (Hxi),
-Una mayor edad da lugar a una mayor participación electoral (Hxii).
En la Figura 1 se presenta el modelo conceptual o diagrama de secuencias propuesto para dicho análisis confirmatorio junto con las hipótesis a contrastar. En este se encuentra la variable latente participación política online, construida a partir de las variables observadas información online, debatir online y votar online, y las variables observadas autoubicación ideológica, nivel de estudios, participación electoral, asociación política, interés por la política, ingresos personales, el hecho de ser mujer (o no) y la edad.

4. Muestra y medición de variables
La muestra utilizada para contrastar dichas hipótesis procede del Centro de Investigaciones Sociológicas, en concreto del Estudio 3490 sobre “Participación política” de diciembre de 2024. La encuesta, realizada bajo un muestreo aleatorio simple, fue realizada en España del 12 al 18 de diciembre de 2024 mediante entrevista telefónica asistida por ordenador (CATI), y cuenta con un error real de ±2% para el conjunto de la muestra para un nivel de confianza del 95,5% (dos sigmas).
Asimismo, está compuesta por individuos de nacionalidad española de ambos sexos mayores de 18 años, llevándose la selección de los individuos a cabo mediante la aplicación de cuotas por sexo y edad. En lo que respecta a la base de datos, los microdatos han sido depurados, eliminándose las respuestas “no sabe” y “no contesta” de las preguntas utilizadas, esto es, las preguntas P2, P9, C1, C6, C.10a, P11, C14, además de considerarse el sexo y la edad. De este modo, la muestra finalmente estuvo conformada por 1.846 individuos, cuyo perfil sociodemográfico se detalla en la Tabla 1.

En la Tabla 2 se presentan los estadísticos descriptivos de las variables que se han utilizado en la estimación del modelo econométrico, teniéndose presentes la media y la mediana como estadísticos de tendencia central, y la desviación estándar y la desviación absoluta mediana (MAD) como estadísticos de dispersión.


a) Participación política online
Internet favorece modalidades de implicación política basadas en la expresión pública, la difusión de opiniones y la interacción en espacios digitales, lo que amplía el repertorio clásico de participación política (Gibson y Cantijoch, 2013)Ref18. La literatura previa sobre el estudio de la participación política online en España incluye actividades diversas, desde la búsqueda de información y el contacto con actores políticos, hasta la firma de peticiones, la comunicación con asociaciones o la participación en foros y blogs políticos (Anduiza et al., 2010)Ref3. Sin embargo, con el presente estudio no se pretenden contemplar todas las formas posibles de e-participación, sino medir una orientación general hacia la implicación política digital. De este modo, para crear la variable participación política online se han utilizado las preguntas del cuestionario “P.9. ¿Estaría Ud. dispuesto/a a participar de manera online (a través de Internet con un ordenador, tableta, móvil, etc.) en reuniones ciudadanas para tomar decisiones sobre cuestiones políticas que le puedan afectar?”; mostrándose a continuación, y en cursiva, cada una de las variables creadas para su medición a partir de la batería de ítems facilitada por el CIS:
i. Recibir información sobre decisiones políticas (de manera online) > información online,
ii. Debatir o intercambiar opiniones sobre decisiones políticas (de manera online) > debatir online,
iii. Votar o apoyar propuestas ciudadanas sobre cuestiones políticas (de manera online) > votar online.
Así mismo, y para una mejor interpretación de los resultados, las opciones de respuesta han sido codificadas de tal modo que la respuesta “seguro que sí participaría” ha sido recodificada con el valor 4, “probablemente sí” con el valor 3, “probablemente no” con el valor 2 y “seguro que no participaría” con el valor 1.
No obstante, ha de tenerse presente que la variable participación política online hace alusión a la predisposición a participar, y no a una participación efectiva; por lo que los resultados deben interpretarse como factores asociados a la orientación hacia la implicación digital, y no como determinantes directos de conductas participativas efectivamente realizadas.
b) Autoubicación ideológica
Con la finalidad de recoger dicho efecto se ha utilizado la pregunta “C.1. Cuando se habla de política se utilizan normalmente las expresiones izquierda y derecha. En una escala de 1 al 10, en la que 1 significa “lo más a la izquierda” y 10 “lo más a la derecha”, ¿dónde se colocaría Ud.?”, obteniéndose la variable autoubicación ideológica.
c) Participación electoral
Los individuos que participan votando en las elecciones tienden a participar políticamente a través de internet (Giugni y Grasso, 2019)Ref19. Por ello, se consideró la variable participación electoral, elaborada a partir de la pregunta “C.6 ¿Me podría decir si en las últimas elecciones generales celebradas el 23 de julio de 2023 Ud...? a) Votó, b) No votó, c) No tenía edad para votar o d) No tenía derecho a voto”, codificándose la primera opción con el valor 1 y el resto con el valor 0.
d) Asociación política
Los individuos que pertenecen a asociaciones políticas suelen participar más en los asuntos públicos. Para comprobar dicho efecto se ha creado la variable asociación política a partir de la pregunta “P.11. Respecto a los siguientes tipos de asociaciones y grupos que le voy a nombrar, dígame si en estos momentos pertenece y participa activamente, si pertenece, pero no participa activamente, si perteneció, pero en la actualidad no pertenece, o si nunca ha pertenecido a un partido político”. En este caso, las opciones de respuesta han sido recodificadas para una mejor interpretación de los resultados, otorgándose a la respuesta “pertenece y participa activamente” el valor 4, “pertenece, pero no participa activamente” el valor 3, “perteneció, pero en la actualidad no pertenece” el valor 2 y “nunca ha pertenecido” el valor 1.
e) Interés por la política
El interés y la preocupación por la política establece la línea de demarcación entre la ciudadanía democrática y la no democrática, puesto que, sin un mínimo nivel de curiosidad sobre la política, los individuos no estarían al tanto del proceso político o de las oportunidades para defender su bienestar y contribuir a las decisiones colectivas (Van Deth y Elff, 2004)Ref40. Asimismo, los modelos que no controlan el interés político tienden a exagerar la relación entre el uso de medios digitales y la participación política (Boulianne, 2009)Ref7. Por ello, se ha creado la variable interés por la política a partir del ítem “P.2. Para empezar, en líneas generales, ¿la política a Ud. le interesa mucho, bastante, [regular (no leer a los/las encuestados/as)], poco o nada?”, recodificándose las opciones de respuesta con los valores 5, 4, 3, 2 y 1 respectivamente.
f) Variables sociodemográficas
Para controlar el efecto de los determinantes sociodemográficos se han introducido las variables relativas al nivel educativo, los ingresos personales, la edad y el género. Un mayor nivel educativo podría aumentar la propensión a participar en los asuntos públicos (Montalvo, 2008)Ref28, asociándose además a una mayor compresión de estos, a una mayor capacidad crítica (Le y Nguyen, 2021)Ref27 y a una mayor participación política online (Anduiza et al., 2010)Ref3. Para comprobar tal efecto se incluyó la variable estudios a partir de la pregunta “C.10a ¿Cuáles son los estudios de más alto nivel oficial que Ud. ha terminado obteniendo la titulación correspondiente?”, siendo las posibles opciones a) sin estudios (valor 1), b) primaria (valor 2), c) secundaria 1ª etapa (valor 3), d) secundaria 2ª etapa (valor 4), e) formación profesional (valor 5) o f) superiores (valor 6).
Por otro lado, en términos generales, los individuos con mayores ingresos están más dispuestos a comprometerse con la actividad pública (Almond y Verba, 1970Ref2; Kim et al., 2023Ref25) y a participar más políticamente online (Anduiza et al., 2010)Ref3 si bien hay estudios que relativizan los efectos de esta variable sobre la participación (Kim et al., 2023)Ref25. Por ello, y con la finalidad de comprobar dicho efecto, se creó la variable ingresos personales a partir de la pregunta “C.14. ¿Y en qué tramo de esta escala están comprendidos sus ingresos personales, después de las deducciones de impuestos, es decir, sus ingresos netos?”, siendo las opciones de respuesta y su respectiva codificación la siguiente: “no tiene/n ingresos de ningún tipo” (valor 1), “menos o igual a 300 € (valor 2), “de 301 a 600 € (valor 3), “de 601 a 900€ (valor 4), “de 901 a 1.200 € (valor 5), “de 1.201 a 1.800 € (valor 6), “de 1.801 a 2.400 € (valor 7), “de 2.401 a 3.000 € (valor 8), “de 3.001 a 4.500 € (valor 9), “de 4.501 a 6.000 € (valor 10) y “más de 6.000 € (valor 11).
Por último, las mujeres suelen participar en los asuntos públicos en menor medida que los hombres; mientras que el hecho de ser joven se correlaciona con altos niveles de participación política online (Boulianne y Theocharis, 2020)Ref9 en detrimento de las formas tradicionales utilizadas por los mayores. Por ello, se consideró tanto el sexo del encuestado o encuestada, creándose la variable mujer, que toma el valor 1 en el caso de ser mujer, y el valor 0 en el caso contrario; y la variable edad, que oscila entre el valor 18 y el valor 94.
5. Resultados
De forma previa a confirmar el modelo estructural propuesto, se realizó un análisis del modelo de medida para evaluar la validez convergente mediante análisis factorial confirmatorio, utilizando IBM® SPSS® Amos 24.0.0. Se aplicaron los criterios de Hair et al. (1999)Ref22: confiabilidad de los ítems (carga factorial), varianza promedio extraída (VPE) y confiabilidad del constructo, considerándose adecuados los siguientes valores: carga factorial >0,5, VPE >0,5 y confiabilidad del constructo >0,7 (Tabla 3).

De este modo, la variable latente participación política online cumple con los tres criterios planteados por Hair et al. (1999)Ref22, esto es, tener una carga factorial superior a 0,5; presentar una varianza promedio extraída superior al valor de referencia, y cumplir con el criterio de la confiabilidad del constructo. Confirmada la fiabilidad y validez convergente, se demuestra que los tres ítems observados pertenecen a la variable latente participación online. Así, se procede a aplicar el modelo de ecuaciones estructurales mediante el método de máxima verosimilitud. En la Tabla 4 se encuentran tanto los coeficientes de la estimación estandarizados y no estandarizados—, como el error típico o estándar, la prueba t o ratio crítico y el p valor correspondiente de cada estimador.

El p valor muestra la significación estadística de los estimadores; en la Figura 2, las flechas continuas indican hipótesis confirmadas y las discontinuas no confirmadas, resultando 11 de los 12 estimadores significativos.

En primer lugar, y en cuanto a las hipótesis principales planteadas, existe una relación de causalidad potencial directa y negativa entre la autoubicación ideológica y la predisposición a la participación política online (Hi, p<0,001), es decir, una mayor autoubicación de los individuos hacia la derecha implica una menor propensión a dicha participación. Por otro lado, y en lo que respecta a las formas de participación política presenciales, tanto la participación electoral como la pertenencia a una asociación política tendrían un efecto directo y positivo sobre la predisposición a la participación política online (Hii, p<0,05 y Hiii, p<0,01 respectivamente). Del mismo modo, el interés por la política tendría un doble efecto: uno directo y positivo, puesto que da lugar a una mayor predisposición a la participación online (Hiv, p<0,001), y otro indirecto y positivo, al promover la afiliación a una asociación política (Hx, p<0,001) y a favorecer la participación electoral (Hxi, p<0,001).
En lo que respecta a las variables sociodemográficas consideradas, si bien los ingresos personales no han resultado significativos (Hvi, p=0,369), tanto el nivel de estudios, como la edad y el sexo han resultado significativos con el signo esperado. En lo que respecta al primero de éstos, un mayor nivel de estudios da lugar a una mayor predisposición a la participación online (Hv, p<0,001), a la vez que incrementa el interés por la política (Hix, p<0,001). La edad, por otro lado, también tendría un doble efecto, puesto que una mayor edad desincentiva la predisposición a la participación política online (Hviii, p<0,001), pero promueve una mayor participación electoral (Hxii, p<0,001). Por último, el hecho de ser mujer implica una menor predisposición a la participación online, si bien este efecto es débilmente significativo (Hvii, p<0,10).
No obstante, los resultados anteriores deben de interpretarse con cierta cautela, puesto que no todos los efectos significativos tienen la misma relevancia (Tabla 5). La edad presenta el mayor efecto total sobre la predisposición a la participación política online (β = -0,272), lo que confirma la existencia de una brecha generacional claramente superior al resto de las desigualdades consideradas. El interés por la política constituye el segundo predictor más importante (β = 0,250) y opera tanto de forma directa como indirecta, a través de la participación electoral y la asociación política. Por su parte, el nivel de estudios presenta un efecto total moderado (β = 0,151), superior a su efecto directo, lo que indica que parte de su influencia se canaliza mediante un mayor interés por la política.
En cambio, otros factores que resultaban estadísticamente significativos en la estimación inicial muestran una importancia más limitada. La autoubicación ideológica mantiene un efecto negativo, pero reducido (β = -0,079), mientras que la asociación política (β = 0,069) y la participación electoral (β = 0,046) presentan efectos positivos de baja magnitud. El efecto del género es aún menor (β = -0,039) y debe interpretarse con especial prudencia al tratarse de una relación débil. Finalmente, los ingresos personales muestran un efecto prácticamente nulo (β = 0,020).

Para finalizar, y en cuanto a los indicadores de bondad de ajuste, el valor de CFI es de 0,851; mientras que el de GFI es de 0,937 y el RMSEA de 0,09. De este modo, los valores se encuentran relativamente cercanos a los valores aceptados por Hair et al. (1999)Ref22 —superiores a 0,9 en los dos primeros casos— y por Kline (2016)Ref26 —valores iguales o inferiores a 0,08 para el tercero—; por lo que se puede concluir que el modelo hipotético se ajusta razonablemente a los datos empíricos.
No obstante, estos resultados, como ocurre con la mayoría de los estudios en ciencias sociales, deben interpretarse con cierta prudencia debido a las diversas limitaciones del estudio. Es importante tener en cuenta que, en primer lugar, el hecho de utilizar encuestas puede dar lugar al fenómeno denominado deseabilidad social y a que parte de las respuestas de los individuos encuestados no sean totalmente honestas. Asimismo, el efecto del nivel educativo debe interpretarse con cautela pues, aunque los estudios actúan como recurso cognitivo y cívico que favorece la participación política online, la literatura reciente advierte que la desigualdad digital no puede reducirse al capital educativo, sino que debería de considerarse el capital digital, ya que éste incluye competencias específicas y disposiciones subjetivas hacia el ámbito digital (Pizzi et al., 2023)Ref31. Por último, hubiera sido deseable disponer de una serie de ítems relativos al interés por la política y a la participación electoral —que reflejasen su intensidad— para construir un buen constructo que hiciese alusión a ambas, en lugar de utilizar en cada caso una única variable observada.
6. Discusión
En lo que respecta al primero de los resultados obtenidos —esto es, una mayor autoubicación de los individuos hacia la derecha implica una menor propensión a la participación online—, pone de relieve cómo la orientación ideológica mantiene una asociación significativa, aunque de magnitud limitada, en el uso de plataformas digitales para la acción política. Diversos estudios coinciden en que los internautas en España tienden a posicionarse ideológicamente a la izquierda (Robles y De Marco, 2011)Ref33. De este modo, la mayor visibilidad de ciudadanos de izquierda en entornos digitales podría entenderse como una manifestación de la desigualdad digital, puesto que los ciudadanos con una orientación ideológica progresista parecerían encontrarse en una posición más ventajosa respecto a otros segmentos ideológicos, tanto en términos de acceso como de participación en la esfera política digital (Robles y De Marco, 2011)Ref33. Además, los partidos de izquierda promueven con más frecuencia mecanismos de participación ciudadana (Sesma et al., 2011)Ref38, vinculándose con un compromiso con la innovación democrática (Walliser, 2002)Ref46. Estas formaciones impulsan procesos participativos inclusivos y continuos, a diferencia de los partidos conservadores, que tienden a limitarse a ofrecer información o servicios sin fomentar espacios deliberativos.
Por otro lado, tanto la participación electoral como la pertenencia a una asociación política tendrían un efecto positivo sobre la predisposición a la participación política online, lo que se encontraría en la línea de diversos trabajos que afirman que las redes de capital social que emergen del trabajo organizativo colectivo de las asociaciones cívicas son predictoras significativas de la participación política al ofrecer acceso a información política, habilidades cívicas, y mecanismos de validación y activación (Bailo, 2025Ref4; Verba et al., 1995Ref44). Además, también entronca con la hipótesis del “spillover”, puesto que los individuos que muestran un alto nivel de participación en la política tradicional —ya sea a través del ejercicio del voto, la militancia en partidos políticos o la participación en campañas y actividades presenciales— tienden a proyectar y expandir ese mismo compromiso en los espacios digitales. De este modo, quienes votan también participan en formas alternativas de influencia política, como expresar opiniones o contactar con autoridades públicas a través de internet (Giugni y Grasso, 2019)Ref19. En estos entornos podrían continuar involucrándose mediante acciones como el debate en redes sociales, la difusión de información política, la organización de eventos virtuales o el apoyo a causas a través de plataformas online; por lo que su participación no se limitaría al ámbito físico, sino que se ampliaría y se fortalecería en las dinámicas propias del ámbito digital.
Del mismo modo, la inquietud por los temas políticos se considera una condición mínima para que una persona pueda involucrarse, ya que, sin un nivel básico de interés, difícilmente estará informada sobre el sistema o consciente de las oportunidades para intervenir en las decisiones colectivas que afectan su bienestar (Van Deth y Elff, 2004)Ref40. Este resultado se encontraría en la línea del obtenido por diversos autores que señalan que las personas interesadas en la política utilizan internet con fines políticos de forma mucho más activa, siendo su probabilidad de implicarse en este tipo de actividades casi el triple la de aquellos que no muestran interés (Robles et al., 2012)Ref34, y que el interés por los asuntos públicos se traduce en acciones inmediatas facilitadas por las tecnologías digitales (Boulianne, 2009)Ref7. En segundo lugar, tal y como se ha señalado, el interés político también presenta un efecto indirecto y positivo instrumentado a través de dos mecanismos interrelacionados. Por un lado, fomenta la afiliación a asociaciones políticas, lo cual puede entenderse desde la perspectiva del capital social (Putnam, 2000)Ref32, en la medida en que la integración en redes organizadas de participación fortalece los vínculos sociales y el compromiso cívico. Por otro lado, este mismo interés incrementa la probabilidad de la participación electoral (Boulianne, 2009)Ref7, respaldando hipótesis como la de la motivación política racional, según la cual los individuos informados y preocupados por el devenir político perciben mayores beneficios en el acto de votar (Verba et al., 1995)Ref44.
En lo que respecta a las variables sociodemográficas consideradas, un mayor nivel de estudios da lugar a una mayor predisposición a la participación online, a la vez que incrementa el interés por la política. Las personas con mayor formación académica no solo poseen mejores competencias digitales, sino también una mayor conciencia sobre el impacto de la política y los servicios públicos en su vida cotidiana, lo que las impulsa a utilizar activamente la red para estos fines. Investigaciones como las de Zillien y Hargittai (2009)Ref47 muestran que los individuos con niveles educativos más altos tienden a hacer un uso más diverso e informativo de Internet, mientras que aquellos con menor formación se inclinan por usos recreativos. Esta diferencia se refleja también en la participación en actividades como la administración electrónica, donde el acceso y uso efectivo están claramente influenciados por el nivel educativo (De Marco, 2017)Ref14. Además, la alfabetización digital avanzada permite a los usuarios generar contenido, buscar información relevante y participar en procesos políticos en línea (Robles et al., 2015)Ref35.
Por otro lado, y en cuanto a la edad se refiere, a diferencia de los primeros análisis sobre participación política online en España (Anduiza et al., 2010)Ref3 —realizados en un contexto de menor generalización del uso de internet—, los resultados muestran cómo la edad se ha consolidado como el principal eje de diferenciación en la predisposición a participar políticamente online. Dado que la edad se relaciona de forma significativa con la frecuencia de uso de las redes sociales (Pizzi et al., 2023)Ref31, los y las más jóvenes presentan una mayor probabilidad de su uso intensivo. Diversos estudios han evidenciado una participación política online elevada entre los jóvenes (Boulianne y Theocharis, 2020)Ref9 y una mayor participación electoral entre los adultos (Putnam, 2000)Ref32. Las generaciones jóvenes, habituadas a entornos tecnológicos, utilizan con naturalidad las TIC para informarse, debatir y participar políticamente. En cambio, las personas mayores tienen menor presencia digital, debido a su escasa exposición previa a estas herramientas y a dificultades en su adopción. Así, se observa que los jóvenes participan activamente en movimientos altermundistas y abordan problemáticas globales, utilizando la tecnología como catalizador para integrar perspectivas diversas. La edad, por tanto, es un factor clave que influye en las preferencias, el comportamiento participativo y el uso de TIC en la relación con gobiernos locales. Por tanto, la brecha generacional digital no se reduce al acceso a internet, sino que incorpora las diferencias en autoconfianza, familiaridad tecnológica y percepción de los costes asociados al uso político de la red (Sampedro et al., 2013)Ref37; pudiendo dichas competencias digitales obstaculizar la participación de los mayores en procesos políticos (Boulianne, 2009Ref7, 2023Ref8).
Por último, y en cuanto al sexo se refiere, el hecho de ser mujer implica una menor predisposición a la participación online, teniendo este resultado su base en la persistencia de notables desigualdades de género en cuanto al acceso y la capacidad de incidir en estos espacios. La teoría feminista explica cómo las normas sociales han relegado históricamente a las mujeres al ámbito doméstico, limitando su presencia pública. Incorporar una perspectiva de género visibiliza obstáculos como la sobrecarga del trabajo no remunerado, la falta de tiempo libre y la escasa representación femenina en procesos decisorios (Brenya et al., 2015)Ref10. La participación femenina difiere sustancialmente de la masculina, tanto en acceso como en formas de implicación, debido a normas sociales y sesgos institucionales (Chan et al., 2022)Ref11; además de que la brecha de género podría ser menor en algunas modalidades online que en otras de carácter presencial (Boulianne, 2023)Ref8. Acker (2006)Ref1 habla de “regímenes de desigualdad” para describir cómo las instituciones reproducen jerarquías de género, clase y raza. Estas dinámicas afectan a la participación política y suponen, de este modo, un reto para lograr la igualdad
7. Conclusiones
La expansión de las tecnologías digitales ha transformado profundamente las formas de participación política, abriendo nuevas oportunidades para el ejercicio de la ciudadanía. Sin embargo, este proceso no ha sido homogéneo ni exento de desigualdades. En el caso de España, aunque el acceso a internet es elevado, persisten notables brechas en el uso político de las tecnologías. De este modo, y partiendo de una muestra representativa para España procedente del Estudio 3490 del CIS, se realiza un estudio exploratorio con el objetivo de analizar empíricamente los determinantes de la propensión a la participación política online, prestando especial atención a las desigualdades digitales que condicionan dicha participación. A través de un modelo de ecuaciones estructurales se exploran las relaciones causales potenciales entre las variables políticas y sociodemográficas y la propensión a la participación política online, con el fin de comprender en qué medida las dinámicas de exclusión digital limitan el acceso equitativo a los nuevos espacios de deliberación y acción ciudadana en el entorno virtual.
A diferencia de trabajos previos que se han limitado a describir fenómenos de uso de las TIC o a explorar tendencias generales en la brecha digital, este estudio ofrece evidencia estadística robusta que conecta la propensión a la participación digital con factores como la ideología, la afiliación asociativa, el interés político o la edad. Uno de los principales hallazgos es que la participación política online no es un espacio neutral ni universalmente accesible, sino que reproduce desigualdades preexistentes. Así, los jóvenes, las personas con mayor educación, aquellas con interés por la política y de ideología de izquierda son quienes mayores probabilidades tienen de participar digitalmente, mientras que los adultos mayores, personas con bajo nivel educativo y, en menor grado, las mujeres, muestran menor implicación potencial, lo que sugiere que la ciudadanía digital puede estar reforzando formas de exclusión ya conocidas en el ámbito analógico.
A partir de estos resultados, se proponen tres recomendaciones: primero, fortalecer las políticas de alfabetización digital dirigidas a colectivos vulnerables, incorporando competencias aplicadas al ámbito cívico-político; segundo, diseñar plataformas públicas inclusivas, accesibles y adaptadas a distintos niveles tecnológicos; y tercero, fomentar el interés político desde la escuela mediante una educación cívica integrada en el currículo, generando espacios de debate y reflexión que motiven a los jóvenes a implicarse en la vida democrática, tanto digital como presencial.
En próximas investigaciones, no obstante, sería conveniente —además de considerar las limitaciones mencionadas—, replicar este estudio con el objetivo de contrastar su validez externa con datos de otros países o regiones, puesto que su enfoque nacional limita la generalización de los hallazgos a otros contextos culturales o institucionales. Sin embargo, y a pesar de ello, el artículo ofrece un conjunto de aportes para la comprensión de las nuevas formas de desigualdad digital en el ámbito de la participación política, a la vez que señala una serie de consideraciones en términos de equidad, accesibilidad e inclusión en la democracia digital. De este modo, y aunque a menudo se presenta a la tecnología como una herramienta capaz de resolver por sí sola los problemas sociales, este estudio subraya que su verdadero poder transformador está condicionado por el entorno social en el que se utiliza.
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Breve curriculum de los autores
Mayor Balsas, José Manuel
José Manuel Mayor Balsas es Profesor Ayudante Doctor del Departamento de Sociología de la Universidad de Murcia. Acreditado Profesor Contratado Doctor (ANECA). Doctor en Ciencia Política y Administración Pública (UMU). Autor de diversos artículos de investigación y de capítulos de obras colectivas. Sus líneas de investigación principales son la participación ciudadana, la transparencia y el cumplimiento tributario. Miembro del Grupo de Investigación en Sociedad Digital y del Observatorio Fiscal de la Universidad de Murcia. Ha participado como investigador en diversos proyectos de investigación y contratos con entidades públicas, destacando aquellos sobre presupuestos participativos y administración pública.
González Salcedo, Antonia
Antonia González Salcedo es doctora en Ciencia Política. Profesora Contratada Doctora del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Murcia. Vicedecana de Estudios de Ciencia Política de la Facultad de Derecho. Su línea principal de investigación es la participación ciudadana y las actitudes cívicas, tema al que dedicó su tesis doctoral y sobre el que desarrolla varios proyectos de investigación con administraciones públicas y entidades privadas. Codirectora del Grupo de Estudios Cívicos e Innovación Social de la Universidad de Murcia. Miembro del Consejo Asesor de Participación Ciudadana en la Región de Murcia y del Consejo Asesor Científico del Laboratorio de Innovación Pública “NOVAGOB”.
Ortiz García, Pilar
Pilar Ortiz García es Catedrática de Universidad del Departamento de Sociología de la Facultad de Economía y Empresa. Doctora en Economía (Universidad de Murcia). Licenciada en Sociología (Universidad Complutense de Madrid). Desarrolla su investigación en las áreas de Sociología del Trabajo y de las Organizaciones y Sociología Política. En estas líneas, ha centrado sus investigaciones en cuestiones relacionadas con Emprendimiento, Cultura Empresarial; Género y Comportamiento Electoral. Ha participado en numerosos proyectos de investigación financiados en convocatorias públicas. Codirige la Cátedra Abierta para la Innovación y la Participación y es miembro del Centro de Estudios Murcianos de Opinión Pública (CEMOP).